En vano usted buscaría los encantos de los misterios antiguos en esta versión de la vida cotidiana del profesor Rigoberto Segreo Ricardo. En cambio, pueden interesarle cosas ocurridas en el presente, en un contexto cercano, disfrutadas o sufridas por las generaciones de cubanos de los últimos sesenta años.
El haber aislado al personaje le permitió al autor distinguir—en su médula de HOMBRE COTIDIANO—manifestaciones axiológicas específicas de las gentes obligadas a enfrentar las limitaciones para persistir en lo que han erigido. Como es una realidad de códigos diversos y no la favorecería el edulcoramiento, los matices que Minervino Ochoa ha escogido para exponerla son como una brújula para quienes desean estudiarla, una referencia semiótica dentro del laberinto de cada jornada de Segreo rendida entre la salida y la puesta del sol, para que un lector, nada ingenuo, conforme sus elementos de juicio.

